Mucho antes de que Colombia tuviera arqueros reconocidos en el mundo entero, hubo uno que abrió el camino: Efraín “Caimán” Sánchez. Su apodo, curiosamente, no tuvo nada que ver con su estilo bajo los tres palos: nació de una canción popular que estaba de moda cuando llegó a Argentina, en 1948, para jugar en San Lorenzo de Almagro. Fue uno de los primeros futbolistas colombianos en abrirse camino en el fútbol argentino.
Como arquero de la Selección Colombia, Sánchez fue parte de la histórica participación del equipo en el Mundial de Chile 1962, recordado sobre todo por el empate 4-4 ante la Unión Soviética. Consideraba al técnico de aquella selección, Adolfo Pedernera, casi como una figura paterna, de quien aprendió que Colombia sí podía competir de tú a tú con las potencias del fútbol mundial.
Su vínculo con Millonarios no se quedó en la cancha. En 1964, en medio del tetracampeonato que el club consiguió entre 1961 y 1964, Sánchez asumió como jugador y técnico al mismo tiempo, tras la salida de Gabriel Ochoa Uribe antes de que se sellara el título de ese año. Con él al frente, Millonarios cerró el cuarto campeonato consecutivo de esa racha dorada.
Años más tarde, ya alejado de las canchas como jugador, Sánchez también dirigió a la Selección Colombia en la Copa América de 1975, torneo en el que el equipo nacional llegó hasta la final, cayendo ante Perú.
Efraín Sánchez falleció en Bogotá el 16 de enero de 2020, a los 93 años. Su legado como arquero es considerado el antecedente directo de generaciones posteriores de guardametas colombianos como Pedro Antonio Zape, René Higuita, Óscar Córdoba y David Ospina.
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Fuentes: Vanguardia (obituario de Efraín Sánchez) y El Espectador (reportaje histórico “El otro Dorado de Millonarios”).